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Reseñas cinematográficas alumnos CIBEF.

Por Emmanuel Flores Ramírez

Un gran elenco protagoniza esta película que nos lleva a las entrañas de la clase alta francesa, en especial hace un gran enfásis en cómo la discordia y venganza entre familias de clase alta se hace latente, y es que, Gleen Close encarnada en la Marquesa Isabelle de Mertuil es la que se encarga de enseñarnos en su actuar a obrar mal. ¿Vale la pena en verdad arriesgar tu dignidad por encima del orgullo? Mertuil nos ofrece en su personaje a una persona poderosa económicamente y con un estatus de temple bastante empoderado. Podría decirse que es una mujer sin escrúpulos que lo apuesta todo por elevar su género femenino más allá de cualquier cosa, pero a pesar de tener todo eso y más es interesante observar que aquello no la hace del todo feliz, busca la venganza como método de complacencia propia, algo que la hará feliz, no siempre.

Por otro lado los personajes que acompañan esta historia nos dejan mucho que aprender, tal es el caso de Vicomte Sebastian de Valmont interpretado por el granídisimo actor John Malkovich, él junto con Gleen Close nos muestran escenas en dónde observamos que ellos lograron tener una conexión actoral muy fuerte, en los movimientos de cada uno al hablarse y responderse , más el tipo de tomas que acompañan dichas interpretaciones hace que la escena luzca sumamente apreciable.

Michelle Pfeiffer y Uma Thurman se suman al gran logro actoral ya que sus interpretaciones como víctimas manipuladas por el encanto de Valmont nos reafirma la idea de que no debemos depender de nada ni de nadie, El joven Keanu Reeves como aquel muchacho que está empezando a caminar por caminos aristocráticos.

Una película que vale la pena ver, para aprender de la historia pre revolución francesa, entender aquel mundo despampanante , pero a la vez venenoso, maravillarse de los vestuarios y escenarios hermosamente elaborados, también con imágenes eróticas de ciertos relatos del Marqués de Sade y con cierto parecido a Cruel Intentions pero de época. Dangerous Liaisons nos enseña que ser desalmado siempre tiene un precio

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